Tristeza, felicidad, enfado, pena.

Gestión emocional: ansiedad, estrés, agobio y miedo al cambio

Francisco J. Sánchez Moreno

Las emociones forman parte de las necesidades de nuestra vida. Sentirlas, identificarlas, reconocerlas y comprenderlas son parte esencial de una buena gestión emocional. Aprender a identificar la función de cada emoción es una habilidad que en determinadas ocasiones se ve compleja y nos dificulta el ritmo de nuestra vida.

La gestión emocional es la base de una supervivencia en el modo de relacionarnos con nosotros mismos, y por ende, con los demás. El modo en que sentimos nuestras emociones se ve afectado por una situación, por un acontecimiento o simplemente por el modo en que gestionamos cada situación.

Ansiedad, estrés, frustración, ira, agobio o miedo al cambio son emociones que todo ser humano experimenta en su vida. La gestión emocional forma parte de nuestra vida en cada etapa y proceso de evolución. Está ya presente en nuestra infancia, niñez, adolescencia y juventud. Y por supuesto permanece a lo largo de la edad adulta.  Atender y comprender nuestras emociones en cada una de esas etapas es una necesidad básica e innata que todos debemos experimentar y trabajar. Dedicar un espacio de tiempo al autocuidado emocional, a sentir, reconocer, entender e identificar nuestras sensaciones, pensamientos y necesidades emocionales es positivo y necesario.

A veces, la gestión emocional se ve dificultada por la intensidad de cada emoción, por el cambio. Nos sentimos perdidos, sin control, desconfiados, vulnerables, sensibles, dejando de atender a muchas de nuestras sensaciones y emociones, y permitiendo que repercutan negativamente en otros aspectos de nuestra vida. 

Es ahí, dada la complejidad del mundo emocional, donde debemos permitirnos el acompañamiento hacia el abordaje y aprendizaje de una buena gestión emocional. Así podemos recuperar el control de nuestras vidas: identificándonos, conociéndonos, escuchándonos y sintiéndonos parte de la vida en cada momento.

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