¿Qué es la felicidad?

En la sociedad actual, la felicidad parece ser un imperativo, pero ¿en qué consiste ser feliz?

Muchas líneas se han escrito, a lo largo de la historia, para tratar de definir qué es la felicidad y cómo puede alcanzarse. ¿Cuántos libros de filosofía o autoayuda habremos consultado tratando de encontrar una respuesta satisfactoria? Bien, este artículo no pretende ser la fórmula mágica final, sino, más bien, procurar arrojar algo de luz sobre lo que desde la psicología se sabe acerca de qué es la felicidad y cómo puede alcanzarse. Para ello, en primer lugar, debemos tratar de definir qué se entiende por felicidad.

De manera sencilla, la felicidad consiste en un estado general de satisfacción con la vida. Es posible que muchas personas crean que la felicidad se traduce en un estado continuo de emociones positivas, pero esto es una idea equivocada, por no decir que algo completamente imposible. Ten en cuenta que, por muy bien que nos vaya en la vida, inevitablemente existen momentos de dolor, por el mero hecho de estar vivos: existe la enfermedad, la vejez, la muerte… y las relaciones interpersonales. Como decía Buda, toda realidad es impermanente, por lo que, aferrarse a algo que no puede durar, nos conducirá directamente al sufrimiento. Siendo así las cosas, históricamente se han diferenciado dos formas de felicidad:

  • Felicidad Hedónica. Es la felicidad basada en los placeres sensuales, es decir, en aquello que podemos sentir. Se corresponde con la perspectiva que entiende la felicidad como la presencia de emociones positivas, fruto de placeres sensoriales, y la ausencia de emociones negativas. Ser feliz, entonces, consiste en procurar tener muchas emociones positivas, y evitar aquello que nos produce emociones negativas. Pero… ¿y si a veces resulta que para tener emociones positivas, es necesario primero atravesar momentos de dolor? Por ejemplo, sin llegar a la fobia a volar, un servidor siente algo de estrés cuando los motores de un avión se encienden y el aparato comienza a moverse y levanta el vuelo. Sin embargo, ese momento de incomodidad emocional, es necesario para llegar a Londres y poder maravillarme con las reliquias históricas del British Museum.
  • Felicidad Eudaimónica. Es aquella que se obtiene al darle un sentido a la propia vida. Muchas personas se preguntan cuál es el sentido de la vida, pero lo cierto es que la existencia no tiene mayor sentido que el que elegimos darle. La felicidad eudaimónica se basa en el compromiso con los valores personales, es decir, con utilizar como guía vital aquello que realmente nos importa. La psicología propone, en general, la existencia de varias esferas de sentido vital, como son la familia, las relaciones íntimas, la crianza de los hijos, la amistad, la educación, el trabajo, el ocio, la espiritualidad, la ciudadanía y la salud. Cabe mencionar que los valores no necesitan justificación por nuestra parte, son como nuestros gustos respecto al sabor de los helados: no necesitas justificar por qué te gusta el helado de chocolate o el de tarta de queso con frambuesas; los valores simplemente son afirmaciones sobre qué tiene significado para nosotros. Por otra parte, no debemos confundir valores con metas — un error que solemos cometer, y que nos lleva al sufrimiento cuando no se produce aquello que esperábamos — . Al contrario que las metas, los valores están aquí y ahora; a cada momento, puedes elegir actuar hacia ellos o descuidarlos. Y te aseguro que si descuidas tus valores durante demasiado tiempo, comenzarás a tener una profunda sensación de frustración y vacío existencial. Y al contrario, cuando nuestra vida tiene sentido, como decía Viktor Frankl, somos capaces de sentirnos dichosos a pesar de las adversidades. Vivir con el apego a metas es como ir de viaje en un coche y preguntar a cada momento “¿falta mucho?”, “¿hemos llegado ya?”… es un estado de tensión continua. Sin embargo, quien vive sus valores, en el aquí y ahora, disfruta del camino, admira el paisaje, se maravilla por las ciudades que atraviesa… Finalmente, debemos considerar el hecho de que los valores deben ser priorizados. Por ejemplo, es posible que valoremos ser afectuosos con nuestra pareja, pero, si ésta es continuamente hostil y abusiva con nosotros, deberíamos cortar la relación y el contacto con esa persona, porque priorizamos nuestro valor de ser amables y compasivos con nosotros mismos.

En base a estas concepciones sobre la felicidad, la Psicología Contextual ha desarrollado un modelo sobre el bienestar humano, que comprende seis procesos que interactúan entre sí. En esencia, se considera que la felicidad — eudaimónica, que es la que nos interesa potenciar — es el resultado del compromiso con los valores propios, en el momento presente, y sin que nos veamos bloqueados por nuestro mundo interno, es decir, sin que nuestras emociones, pensamientos y sensaciones se interpongan en nuestro camino. Por su parte, la Psicología Positiva de Martin Selligman, define la felicidad como la satisfacción vital que se obtiene cuando hay presencia de emociones positivas, entrega y sentido (estar al servicio de algo que se considera más importante que un@ mism@).

Así pues, sé amable contigo mism@ y no pierdas el contacto con tus valores. A veces, deberás atravesar necesarios momentos de incomodidad para ello, pero será solo a corto plazo, piensa que lo que verdaderamente importa es tu bienestar mantenido en el tiempo, y esto solo se obtiene cuando miramos nuestra brújula interna y nos orientamos hacia el camino que elegimos andar. Encontrarás obstáculos, sí, pero nunca dejes de caminar.

Isaac Carmona, Doctorando en Psicología.

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