¿Tiene riesgos la práctica de mindfulness?

Existen ciertas experiencias indeseadas que pueden producirse al practicar mindfulness; en general son poco importantes y de frecuencia baja

Practicar mindfulness es entrar en contacto con una nueva manera de relacionarse con nuestro mundo interno y externo, es decir, con la vida. En este post vamos a hacer un repaso a la información con la que contamos actualmente respecto a eventos indeseados durante la práctica de mindfulness.

El entrenamiento en mindfulness, sobre todo durante prácticas de serenidad, puede producir sensación de ingravidez, visión de luces de colores y figuras geométricas, aumento de la salivación, etc. Todos ellos son signos normales de activación parasimpática y se producen porque alcanzamos un estado de relajación y concentración profundos. Al contrario de lo que algunas personas pudieran pensar, se trata de experiencias que indican un avance positivo de la práctica. Simplemente, podemos contar con que estas experiencias pueden producirse, sin que tengan mayor importancia ni debamos buscar su ocurrencia activamente.

También, durante el proceso de aprendizaje, además de relajación y satisfacción, a veces hay personas que sienten reacciones indeseadas como agitación, ansiedad, incomodidad o confusión. Sin embargo, estas sensaciones, que a priori pueden percibirse como negativas, forman parte necesaria e importante del cambio, porque prestarles atención de manera consciente ayuda a explorar y comprender la impermanencia, el cambio continuo que se produce a nivel emocional y de pensamiento, así como darnos cuenta de que es la manera en que reaccionamos a las experiencias lo que les da su poder sobre nosotros.

No obstante, existen casos en los que la práctica de mindfulness puede estar inicialmente contraindicada, por ejemplo en personas con historia de trauma psicológico, esquizofrenia o epilepsia. En estos supuestos, los síntomas podrían exacerbarse al realizar meditaciones formales.

Actualmente existe poca evidencia científica publicada sobre la frecuencia, el tipo y la gravedad de estas experiencias indeseadas al practicar mindfulness. Algunos estudios indican que, aunque se producen con muy poca frecuencia, suelen ocurrir durante prácticas residenciales intensivas, como retiros de entre 2 semanas y 3 meses.

Por su parte, los programas de entrenamiento en mindfulness (p. ej. MBSR o MSC) donde la dosis de práctica es más reducida — y siempre que se lleven a cabo por profesores debidamente formados y cualificados — , conllevan un riesgo mínimo. Es decir, las pocas veces que se producen experiencias indeseadas en estos entrenamientos son de escasa relevancia. Además, ofrecen los mayores beneficios en personas con elevados niveles de estrés y trauma.

Adicionalmente a los riesgos específicos que hemos mencionado, es interesante tener en cuenta que los esfuerzos que realizan los practicantes noveles por mantenerse plenamente atentos a la experiencia pueden producir sensación de cansancio.

Es decir, inicialmente, el entrenamiento en mindfulness puede ser mentalmente agotador. Por ejemplo, un entrenamiento de 25 minutos al día durante 3 días consecutivos puede reducir el nivel de estrés psicológico, y también, aumentar el nivel de cortisol como consecuencia del esfuerzo mental.

Conclusiones

  1. La práctica de mindfulness puede producir sensaciones, pensamientos y emociones que a veces resultan desagradables, pero que son necesarios para el proceso de cambio.
  2. Existen casos (esquizofrenia, trauma, epilepsia) en los que la práctica de mindfulness puede ser contraproducente si se realiza de manera intensiva — durante 2 semanas o más.
  3. Es recomendable practicar bajo la dirección de un profesor cualificado que nos ayude a gestionar las dificultades que podamos encontrar en nuestra práctica.
  4. Los programas de mindfulness tienen un riesgo muy bajo de producir experiencias adversas. Por otro lado, ofrecen muchos beneficios respecto al estrés y al trauma.
  5. Los practicantes noveles pueden sentir agotamiento mental, dado que mindfulness precisa concentrar la atención de manera sostenida.

Redacción de Isaac Carmona-Rincón, psicólogo y experto en mindfulness

Bibliografía

Creswell, J. D. (2017). Mindfulness interventions. Annual Review of Psychology68, 491–516.

Segovia, S. (2017). Mindfulness: Un Camino de Desarrollo Personal. Bilbao: Desclée de Brouwer.

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